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Colaboraciones, Historias de Olivarero, para Saborear

Olivos: herencia familiar y cultural, o cómo meterse en un lío apasionante

27/04/2022
Heredad Anoreta Jaen Olivos Centenarios

Heredad de la Añoreta: olivos centenarios hunden sus raíces en estas tierras de plata para extraer la herencia de los pueblos que la habitaron.

Acometemos la segunda parte de aquel intento de dar a conocer el mundo del olivar.

Para quienes no nos hayan leído anteriormente, me llamo Lina y tengo olivas (para los jiennenses el olivo casi no se nombra, los llamamos olivas). Junto con mi hermano Antonio nos embarcamos hace unos años en la aventura de tener una modesta marca de AOVE y nos zambullimos en el mundo del olivar y del Oleoturismo.

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Echando la vista atrás, recuerdas tu infancia y tu adolescencia influida de manera natural y casi sin darte cuenta, por lo que significa la Cultura del Olivo; momentos ligados a las diferentes labores que se suceden a lo largo del año, culminadas por la recogida del fruto («la aceituna», así se llama esta campaña). Todo jiennense que se precie tiene sus cosas preparadas para cuando llega diciembre, porque es la época de la aceituna, lo que vendría a ser la vendimia para nuestros vecinos manchegos.

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Jaén se mueve al ritmo del olivar; los ingresos de mucha gente, los trabajos casi siempre eventuales, condonar préstamos bancarios, la compra de algún bien costoso, cualquier gasto importante se venía fiando a la aceituna. Eso que era natural en tu niñez, que veías hacer a tu familia y a tus conocidos, lo que condicionaba la vida hasta impregnarte del todo, sin que te dieras cuenta… de eso, finalmente y sin saberlo acabas formando parte.

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A eso llamo yo Cultura del Olivar, y tiene  por supuesto derivaciones en la dieta, la salud, la economía, el paisaje, el imaginario colectivo, el folclore, las costumbres, la búsqueda de acuíferos y apertura de pozos como si no hubiera un mañana, esa continua queja por la falta de lluvia, el concepto de riqueza, el estatus social, la ropa que nunca se desecha ( «déjate esos pantalones para ir a la aceituna, no los tires»), hasta incluso la época en la que los jiennenses se toman vacaciones ( siempre dejan unos días para ir a la aceituna).

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Y de repente, te ves con cuarenta y muchos años, con un olivar que tus ancestros te han hecho llegar y ahora está en tus manos, que tienes que gestionarlo a la vez que lo compatibilizas con tu otro trabajo, ese que tú realmente elegiste. (¿Por qué no habré prestado yo más atención a esto antes?, ayyyyyy…) Tu madre, que desde que murió tu padre se siente perdida, no confía en ti en lo más mínimo, lo ves en su mirada aterrorizada. Porque eres UNA MUJER, claro, y cómo vas a saber tú de esto, hija mía…

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De esta forma me vi inmersa en un negocio que me era casi ajeno, en parte porque me fui a estudiar fuera y se suponía que yo estaba «exenta», y en parte porque en su momento no me interesé lo suficiente. Lo he lamentado muchas veces. Porque realmente lo que me movió a meterme de lleno en esto, fue el reto personal de ser una mujer en un mundo tradicionalmente masculino UNA VEZ MÁS. El reto de entrar en una reunión de la Cooperativa y que todo el mundo te mire con incredulidad, aguantar el tipo hasta que se acostumbran a verte entre ellos y asumen todos que no vas a tirar la toalla.

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Y lo estimulante de cambiar, modernizar, darle otro aire, buscar un valor añadido más allá de kilos y kilos de aceituna llevados a una cooperativa sin atender a la calidad y mezclada con la aceituna de no se sabe quién. Buscar la identidad propia, un AOVE nuestro, del que sabemos todo porque hemos cuidado nuestros árboles y nuestro fruto hasta el mismo momento de la recogida. ¿Es más caro producirlo? Si, por supuesto. Pero merece la pena.

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Hoy por hoy, mi hermano Antonio (al que convencí no sé cómo) y yo nos hemos implicado en producir un AOVE Premium, de aceituna verde recogida en octubre, rico en polifenoles y oleocantal, con unas cualidades organolépticas que hasta a nosotros nos asombran, un picual monovarietal de alta calidad, procedente de un olivar respetuoso con su entorno. E igualmente queremos dar a conocer este mundo apasionante organizando catas y participando en actividades relacionadas con el oleoturismo, en un intento de explotar el valor añadido de nuestras fincas; un valor que viene dado por su historia, por la longevidad de nuestros árboles, por la belleza de sus troncos retorcidos, por su importancia cultural y patrimonial, por la vida que bulle en estos trozos de tierra que para nosotros son la herencia de quienes nos querían mucho.

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En la próxima entrega, si queréis, hablaremos de las labores de un olivar tradicional. Y la diferencia con los nuevos métodos de cultivo en seto. De cómo, tras la recogida, se suceden operaciones básicas que las hubieran hecho igual hace mil años, exentas de cualquier tipo de producto químico. La poda (con su posterior triturado de ramas que se incorpora a la misma tierra), desbrozar la hierba, eliminar a mano las pestugas…

Nos vemos de nuevo por aquí.

Heredad de la Añoreta
Doctor, 11
23700 Linares (Jaén)
(T) +34 | 699 861 924 – 660 809 990

Colaboraciones, Historias de Olivarero, para Saborear

Desde Jaén, viajaremos al mundo del aceite de la mano de Lina Pérez

23/02/2022
Aceite Heredad Anoreta Jaen

Propietaria de La Heredad de la Añoreta, finca con historia y tradición que produce un aceite de oliva virgen extra (AOVE), de cosecha temprana o Premium obtenido de olivos centenarios de la variedad picual.

Aceite Jaen Heredad Anoreta

El punto de partida,

Comencemos por el principio, me llamo Lina, soy de Linares y tengo olivas, como la mayoría de jiennenses. Para nosotros, estos árboles mediterráneos ligados ancestralmente a nuestra tierra se denominan así, olivas, en femenino. Como los marineros llaman «la mar» al mar; por cercanía, por cariño, por pasión, supongo.

Me gustaría contaros en un texto no muy largo lo que significa para nosotros. Y si queréis, que este post sea el comienzo de una serie en la que os voy a ir informando sobre el mundo, primero del olivar y luego de su producción, nuestro preciado Oro Verde, el AOVE. Heredad de la Añoreta es nuestra marca familiar.

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Tengo un olivar de más de 200 años que he heredado de mi familia y que comparto con mi hermano; para ambos es un orgullo seguir cultivando estos árboles centenarios, es también una responsabilidad, un reto y un trabajo que da no pocos quebraderos de cabeza.

Tenemos otra finca más, con olivos que mi abuelo plantó cuando nació mi hermano (su único nieto varón) y por tanto tienen su edad, 48 años. Son lo que aquí llamamos «estacas»: árboles jóvenes de tres pies, que ahora empiezan a estar en plena producción. Nuestras estacas están situadas en una finca que es un punto geodésico, el punto más alto del municipio, y tiene unas vistas espectaculares pero una pendiente criminal para cualquier trabajo que se quiera hacer allí. Para nosotros son las estacas del Cerro de la Langosta.

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La Añoreta, historia y cultura

Pero la joya de la corona es la otra finca, la de los olivares centenarios: La Añoreta. Es de ella de la que os quiero hablar, y digo bien cuando hablo de «ella», porque para nosotros tiene personalidad propia. Está situada a la salida de Linares, en una zona cercana a la ciudad iberorromana de Cástulo, y esto le da el privilegio de que albergue en su interior un decantadero y una fuente romana (la fuente de la Añoreta, muy conocida en Linares por la gente mayor, sobre todo). Así pues, no sólo son árboles con historia, sino también tierra con historia, lugares donde nuestros antepasados vivieron y dejaron su huella con construcciones útiles para su día a día: un nexo con la vida rutinaria en el pasado.

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Mi hermano y yo sentimos la satisfacción de ser dueños sin serlo de este patrimonio histórico y cultural, la responsabilidad de cuidarlo y la perspectiva de enseñarlo como una apuesta de futuro que se integre en el oleoturismo, una iniciativa emergente e interesante de unos años acá.

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Ni mi hermano ni yo somos agricultores profesionales. Ambos tenemos nuestros trabajos al margen de esta actividad, creo que quizá como una continuación de lo que ha supuesto para nuestra familia la agricultura, sobre todo en tiempos difíciles. Mi abuelo era un conocido agricultor de la zona que hizo de la postguerra una oportunidad para mejorar puesto que producía alimentos y esto escaseaba y mucho en esa época. Tenía un mote, “Capachica”, y con ese nombre nos siguen conociendo, nosotros somos a todos los efectos los nietos de Capachica. Aunque explicar lo que era y es una capacha debería de hacerlo más adelante, ahora me resulta imprescindible definirlo

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La Capacha, interesante y anecdótico

Se trata de una especie de esterilla de esparto redonda, tejida en espiral, que se usaba como filtro en las prensas de las almazaras, es decir, donde se prensaba la aceituna para obtener aceite.

Mi abuelo no mediría más de metro y medio, por lo cual Capachica cubre perfectamente su condición de agricultor y su pequeño tamaño, al margen de que mucha gente cree que el nombre viene a significar que usaba una capa pequeña porque era muy bajito; no sabemos, es igual, nos enorgullece ser conocidos por nuestro mote familiar. Para mí en muchas ocasiones ha sido una carta de presentación con la cual no he necesitado nada más: Capachica era sinónimo de honradez, emprendimiento, iniciativa, capacidad de reacción, olfato para el negocio. Pero también era sinónimo de ayuda en tiempos difíciles. Más de una vez alguien me ha dicho…

«¿Es usted la nieta de Capachica? Su abuelo nos salvó del hambre, nos dejaba entrar a sus cultivos y coger lo que necesitáramos para comer, cuando no había dónde comprar ni de dónde robar».

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De la historia a la actualidad

Así, con esta explicación de la historia familiar, quería empezar a contar cómo dos «no agricultores» se convierten en olivareros para conservar el patrimonio y la historia.

La Añoreta es una finca de alrededor de dos mil olivas. Se está gestionando de acuerdo con la normativa de sostenibilidad y respeto a la biodiversidad, evitando el uso de técnicas agresivas con el Medio Ambiente, eliminando en lo posible el uso de productos químicos. Nuestros abonos se limitan a la urea y la potasa, sin añadidos ni oligoelementos.  No usamos herbicidas, sino que llevamos a cabo trabajos manuales con desbrozadora o con tractor de corte de la hierba, dejando siempre entre las filas de olivas una camada de hierba que sirve de refugio a la fauna, retiene la humedad del suelo y evita la erosión.

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Nuestros suelos no son un patio de hormigón, sino un jardín donde viven insectos, reptiles, micromamíferos, paseriformes (pájaros pequeños) rapaces que se alimentan de todos ellos…VIDA, al fin y al cabo.

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Espero haber tocado vuestra vena curiosa y que volvamos a leernos con la continuación de esta historia.

Heredad de la Añoreta
Doctor, 11
23700 Linares (Jaén)
(T) +34 | 699 861 924 – 660 809 990